martes, 23 de noviembre de 2010

No basta proclamar que el Río San Juan es nica



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NUESTRO PORVENIR, AÚN NO REALIZADO, DEPENDE DE ESE RÍO

No basta proclamar que el Río San Juan es nica

Orient Bolívar Juárez*

END - 20:03 - 21/11/2010


"Lo que se debe hacer con una absoluta preferencia, es la restauración del Puerto de San Juan del Norte y el bajo San Juan" Maximiliano von Sonnenstern (1868)


La situación de Río San Juan de Nicaragua, que se ha desencadenado a partir de la entrada en operación de la draga "Soberanía", dirigida por el comandante Edén Pastora Gómez y de la intempestiva y abrupta reacción de Costa Rica, constituye, sin duda alguna, una gran oportunidad para que los nicaragüenses tomemos verdadera conciencia de su significación, y volvamos la mirada hacia su problemática integral y desafíos con un sentido de compromiso, desde una visión histórica, objetiva e integral, pero también con una perspectiva de futuro para nuestro desarrollo, en la cual, el entendimiento entre los pueblos y la cooperación internacional no estén excluidas.

El Río San Juan de Nicaragua, desde nuestros orígenes coloniales, ha sido la espina dorsal de nuestra historia, y el que hizo que la posición geográfica de nuestro territorio y sus grandes ventajas para la comunicación transoceánica, fuese conocida en todo el orbe y atrajese la atención y el interés de las principales potencias del mundo.

Como consecuencia de ello y por razón de la importancia estratégica de esa grandiosa vía fluvial y comercial, la codicia extranjera y las pretensiones de poseerlo que se suscitaron una y otra vez después de la independencia, fueron la causa de rivalidades entre naciones, de agresiones a nuestra soberanía, de ambiciones y pretensiones territoriales desmedidas, y de las muchas disputas con nuestro vecino del Sur, que de momento parecieran no tener fin.

El Río San Juan es un legado inapreciable de los nicaragüenses desde tiempos inmemorables, que, a decir verdad, no hemos sabido conservar, mantener y aprovechar de forma sostenible y racional por falta de ese sentido vital de continuidad que tenemos, ya que sólo de vez en cuando, atrae nuestra atención y preocupación, sobre todo cuando el vecino "le echa el ojo", en tanto escucha que aquí estamos otra vez en bochinche.

Ante los hechos acaecidos últimamente en torno al San Juan, y que por la precipitada actitud de Costa Rica han trascendido hasta la OEA y ahora se enfila de nuevo hacia la Corte Internacional de Justicia, el Río San Juan no debe ser sólo un símbolo inspirador de legítimas expresiones de patriotismo y consignas.

No basta decir el Río San Juan es nica

O sea, no basta decir que el Río San Juan es nica. Ese río, que ha fecundado nuestra más grande utopía y que es emblema de nuestra nacionalidad, es una realidad concreta, dinámica y vital que hace tiempo demanda la atención y la concreción de políticas, planes y acciones en distintos órdenes (social, territorial, jurídico, ambiental, etc.) que contribuyan, no sólo a apuntalar nuestra soberanía, sino también, a lograr un aprovechamiento racional de sus capacidades y potencialidades para la navegación, el comercio, el turismo, la investigación científica y la comunicación marítima, etc. Parte de nuestro porvenir, aún no realizado, depende del San Juan.

A decir verdad, Nicaragua tiene deudas pendientes e impostergables con el Río San Juan desde el siglo XIX, tales como la limpieza mediante dragas de todo aquello que obstruya el libre flujo de sus aguas y la conservación de su caudal histórico, la restitución de su curso, la recuperación de la bahía de San Juan de Nicaragua, la realización periódica de estudios hidrográficos, el manejo adecuando de su cuenca, la densificación de mojones entre los hitos de la línea fronteriza, sobre todo en el bajo y alto San Juan, la preservación de su entorno natural, su aprovechamiento como vía de comercio, etc.

En ese sentido, las acciones de la draga "Soberanía" impulsada por el gobierno, son acertadas y responden a una obligación y a una necesidad histórica cuya validez fue demostrada por primera vez al gobierno nacional de don Fernando Guzmán, por el ingeniero Maximiliano von Sonnenstern hace 142 años, en 1868, cuando hizo el mejor estudio histórico que se conoce sobre la navegabilidad de los ríos San Juan y Colorado, y al cual, por cierto, nadie ha hecho alusión hasta el momento.

En aquella ocasión, Sonnenstern, quien fungió como ingeniero civil de la República por 40 años (1855-1895), señaló, con base en ciertas obras que se habían hecho en la embocadura del río Tauro, que "aumentándose el volumen de agua en el Río San Juan y de consiguiente su fuerza de corriente, se han obtenido aunque en pequeña escala, resultados en apoyo de dicha teoría".

Esto fue confirmado poco después, cuando una draga realizó una limpieza del Colorado hacia la desembocadura del San Juan, sacando del lecho del río "más de veinte mil toneladas de arena", que sin mayor problema ni reclamo de Costa Rica "se botaron en la embocadura del río Colorado", lo que valdría la pena hacer de nuevo, cuantas veces sea necesario.

En vista de que la obstrucción de la bahía de San Juan del Norte afectaba a Nicaragua y en cierta forma también a Costa Rica, debido a la desviación de las aguas por el río Colorado, a la acción humana y al colosal arrastre de sedimentos provenientes de territorio costarricense, etc., ambos países llegaron a una negociación bilateral, y fue así que el 13 de julio de 1868, firmaron la "Convención entre Nicaragua y Costa Rica para mejorar uno de los río; "Colorado" o "San Juan" (Convención Zelaya-Volio), por medio de la cual ambos países estaban de acuerdo en estudiar cuál de los dos puertos, si el de San Juan de Nicaragua (o Greytown) o el de Boca del Colorado, era más fácil mejorar, para así hacer que "el todo o parte de las aguas de los dos ríos en que se divide el Alto San Juan, tome un solo cauce".

Es decir, se pusieron de acuerdo para mejorar cualquiera de los dos ríos, el que fuese más conveniente. Dado al interés mutuo de llevar adelante dicha empresa, ambas partes firmaron, poco después, otra Convención, adicional a la anterior, el 21 de diciembre de 1868, esta vez por medio de los plenipotenciarios Anselmo H. Rivas y A. Esquivel.

Convinieron desviar aguas del Colorado

Por medio de esta otra Convención, Nicaragua y Costa Rica convinieron que nuestro país llevaría a cabo el desvío de las aguas del Colorado en su embocadura hacia el San Juan, para así restituir su caudal y mejor el puerto; una acción que a todas luces sería beneficiosa para ambas partes, como lo sería ahora si se llevase a cabo de tener ese mismo entendimiento.

En efecto, dicha Convención estipulaba claramente en su artículo 1º, que: "El Gobierno de Costa Rica concede al de Nicaragua las aguas del río Colorado, a fin de que, desviándolas de su curso actual en todo o en parte, y echándolas sobre el río San Juan, pueda obtener el restablecimiento o mejora del puerto de San Juan de Nicaragua."

Luego, al año siguiente (1869), ante la premura del caso, Mariano Montealegre, por Nicaragua, y Agapito Jiménez, por Costa Rica, firmaron en San José, el "Tratado entre Nicaragua y Costa Rica sobre la desviación de las aguas del río Colorado". Tratado Montealegre-Jiménez. (21-06-69), mediante el cual se completaba la Convención preliminar antes citada, de julio del 68. Estas convenciones aprobadas por los presidentes de los respectivos países, después debían ser ratificas por los poderes legislativos de ambos gobiernos.

De haberse ratificado dicha Convención, la historia fuese otra. Y de haber llegado a la conclusión en aquel entonces, que el río Colorado era el que había que mejorar, posiblemente, lleváramos 142 años navegando por el Colorado, lo que ahora el presidente Daniel Ortega ha propuesto.

Es claro, que pese a todos los inconvenientes y por razones geográficas, la zona de la desembocadura del Río San Juan de Nicaragua sigue siendo mejor que la desembocadura del Colorado en el Caribe, como lo expone muy bien el ingeniero Sonnenstern en su citado informe, que aún mantiene su vigencia.

"Es hora de que los ticos entiendan"

A 152 años de haberse firmado el Tratado Jerez-Cañas, más los otros fundamentos jurídicos de la delimitación fronteriza entre Nicaragua y Costa Rica, entre los cual hay que incluir, por cierto, la importante "Convención Matus-Pacheco" de 1896, así como el fallo del 13 de julio de 2009, de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), y tras los reiterados fracasos de la doctrina expansionista tica que acuñaron los hermanos Joaquín y Juan Mora después de la "Anexión" de Nicoya y Guanacaste, y que luego continuarían los presidente Braulio Carrillo (1842) y sucesores, con miras a alcanzar y poseer a como diera lugar el "Camino del Norte", ya es tiempo de que Costa Rica reconozca de una vez por todas que Nicaragua tiene y siempre tendrá "exclusivamente el dominio y sumo imperio sobre las aguas del río San Juan", conforme al Tratado Jerez-Cañas de 1858, y que ellos, a su vez, tendrán derechos limitados de libre navegación en la parte que establece dicho tratado.

De igual forma, debería ese hermano país y sus autoridades, estar claro de que la mejora del río San Juan de Nicaragua es algo impostergable que también les beneficia, en tanto que también tienen, como se ha dicho, derecho de navegación en la forma que establece el tratado y lo ratificó en 2009, el fallo de la CIJ.

A partir de ahí, ¿qué les quedaría entonces a los costarricenses y a sus gobernantes?: deponer su obcecación y pretensiones inútiles, aceptar esas verdades y realidades inobjetables, evitar los conflictos, buscar el mutuo entendimiento entre las partes, retomar las tareas conjuntas para continuar la densificación, así como aunar esfuerzos para cuidar y preservar ese bien inapreciable que es el Río San Juan, y, por supuesto, hacer cuanto sea necesario para afianzar la paz, la amistad y la cooperación entre nuestros pueblos. ¿O es que acaso quieren que de nuevo el alto tribunal internacional de La Haya les repita lo mismo ante los ojos del mundo y les reitere que Nicaragua tiene "exclusivamente el dominio y sumo imperio sobre las aguas del río San Juan? Todavía están a tiempo.


*Historiador Asociado y estudioso de la cartografía histórica.

 
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Byron Picado Molina
SOCIEDAD BIOSÓFICA NICARAGUA (SBN)
Helena Petrowna Blavastky
"La Espiritualidad más expandida es el AMOR en VERDAD iluminado 
con Valores aplicados"
Estelí,Nicaragua.
América Central
 
 
 
(Red Nicaragüense de luz)
 
 
( Red Estelí Cultural) 

 

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