Alguien dijo alguna vez que no hay mal que por bien no venga; y la realidad parece que lo confirma, porque si no, en qué se inspiró el que lo dijo.
No se trata sólo de palabras basadas en creencias, sino también de un concepto lógico.
La ley de causa y efecto nos enseña que si una persona se comporta de manera autodestructiva, sin respetar su cuerpo, lo más probable es que se enferme, porque todo organismo sometido a estrés en algún momento pasa la factura.
Una enfermedad irrumpe en la vida en un momento de descontrol, de preocupación excesiva, de desequilibrio emocional, de depresión y obliga a parar la máquina y a replantearse la vida desde otra perspectiva, porque el cambio sólo es posible cuando una crisis permite abandonar viejas estructuras y crear nuevas.
La adversidad, lejos de ser algo negativo, coloca a las personas en una posición nueva frente a la vida, si es que están dispuestas a desafiarla, para aprender de ella, crecer y fortalecerse como ser humano; porque sólo en épocas difíciles se despierta la inspiración para desarrollar nuevos talentos que se desconocían.
Pero no todos responden de la misma forma ante una crisis y lo más importante será la forma en que la experimenten, la actitud que adopten y la capacidad que tengan para enfrentarla.
Las crisis económicas globales, cada vez más frecuentes, dejan un tendal de gente sin trabajo, lo que hace que sea necesario que cada uno amplíe su espectro de habilidades y recursos, se mantenga firme, fuerte y optimista y no se desmorone.
Todo ser humano es capaz de superar la adversidad aunque sea grave. Lo prueban las personas que de pronto sufren una discapacidad y deciden rehabilitarse, que logran trascender sus propias limitaciones con capacidades que no conocían y sentirse más plenos y vivos que antes, adquiriendo mayor madurez, sensibilidad y sabiduría.
Una crisis es una oportunidad que muchos necesitan para demostrarse a si mismos lo mucho que valen; porque cuando la vida se complica y parece convertirse en un calvario de obstáculos, lo mejor que se puede hacer es seguir adelante y no quedarse bloqueado lamentándose.
Vivir día a día, superando sólo lo que se presenta en el presente, dejando de lado lo superfluo y centrándose en la supervivencia es lo que exige una situación límite, tal como lo hacía el hombre primitivo que pudo sobrevivir hambrunas, terremotos, climas severos, inundaciones, incendios, sin ningún recurso, herramienta ni tecnología, sólo con su ingenio.
El hombre de hoy está en mejores condiciones de enfrentar los problemas porque la mayoría tiene una educación y, cuenta con mayores recursos.
Cualquier persona es capaz de salir de una situación desesperada, manteniendo el humor, la capacidad de empatía, la generosidad y estando dispuesta a hacer el esfuerzo necesario, utilizando su imaginación y creatividad.
Una crisis es el momento para medir la capacidad de entereza, la inteligencia, la personalidad, la fuerza de voluntad, de autodisciplina y la sensatez con que se cuenta, o sea, la oportunidad para conocerse más a sí mismo; porque nadie sabe lo que es capaz de hacer hasta que se le presenta la ocasión para demostrarlo.
Las economías de casi todos los países están cada vez más relacionadas y eso es un hecho sin retorno que provoca que si se cae uno se caigan todos.
Esto representa una desventaja porque son más los que sufren y más importantes deben ser los cambios, pero también es una ventaja porque es una garantía de que ninguno se puede beneficiar solo a costa de los demás; y que los esfuerzos para revertir la situación de crisis tendrán que ser globales y no individuales.
Vivir en la incertidumbre es la realidad de la vida ahora y lo será siempre y lo tenemos que aceptar, porque ninguno está realmente seguro de lo que le puede pasar.